“¿Te pusiste o te les quisiste poner (a los
delincuentes)?"
La
respuesta es, no. No por varios motivos, el más importante mi compañía en ese
amargo momento.
Siempre
realista tengo por costumbre aconsejar o mal aconsejar, según cómo lo tome mi
interlocutor en turno, en que hay que salir a la calle pre dispuestos a que
algo nos suceda en éste país de las dos versiones; lo que se dice y lo que es.
Cierto
es que todos estamos en la probabilidad de ser víctimas de algún tipo de delito
sólo que en ésta ocasión tocó a mi persona. Hasta aquí el asunto es meramente
personal y por ello me surge una sola pregunta:
¿Cuántas
veces se puede ser víctima a consecuencia de un mismo hecho delictivo?
El
hecho. Regresas cansado a casa después de un día más de trabajo y a bordo del
transporte público tres sujetos armados gritan al unísono: “¡esto es una
asalto, se los cargó su chingada madre!” y un sinfín de maldiciones y órdenes
que no vale la pena recordar.
Entonces
pasas a ser:
Víctima de las agresiones con saña y sin motivo que te causan heridas físicas
expuestas.
De las más bajas vejaciones y de la cobardía de quien se cree con derecho sobre
ti al tenerte sometido bajo la amenaza de darte un tiro si acaso te atreves a
mirarlo.
De la incertidumbre de esos minutos eternos en que lo único que te queda es
encomendarte a quien tú más creas. Momentos en que la película de tu vida corre
velozmente en tu mente.
Víctima del despojo de tus pertenencias y de la humillación constante.
Acto
seguido. Reniegas, maldices, te lamentas e intentas reponerte del shock.
Mermado en tu condición física y destrozado en la sicológica te enfrentas a la
otra realidad en busca de “tus derechos”. Mentira, también eres víctima, lo
único diferente es que te tratan sin violencia.
La
Seguridad Pública brilla por su ausencia, los servicios de urgencia son lentos
y deshumanizados, ni qué decir de la Procuración de Justicia comenzando por la
oficina del Ministerio Público que está cimentada en el reino de la corrupción,
eres el robado y te piden dinero. Los tres servicios están inmersos en una
maraña burocrática que se niega a cambiar por los grandes intereses económicos
que representan, así como el interés clientelar; laboral y político.
Merecen
mención aparte los costos y el tiempo perdido para la reposición de tus
tarjetas bancarias y tus identificaciones personales, algunas de ellas ni las
solicitaste y tienes que pagar porque te las robaron. Vil tramitología “legal”
que a todas luces resulta injusta.
Y
la cereza del pastel. Llega la quincena y percibes sólo el 50% de tu sueldo.
Motivo: Incapacidad para trabajar a consecuencia de las lesiones causadas por
ser víctima de una robo con violencia.
En
síntesis no sólo se es víctima de los delincuentes.
Resulta
caro ser asaltado.