miércoles, 13 de mayo de 2015

¿Cuántas veces se puede ser víctima a consecuencia de un mismo hecho delictivo?

Quizá por la naturaleza de mi personalidad, tal vez por la forma abierta de expresarme o, para los que me conocen, por mi experiencia de vida e historia laboral; el hecho es que todas las personas que me preguntan qué fue lo que me pasó enseguida externan su duda:

“¿Te pusiste o te les quisiste poner (a los delincuentes)?"
La respuesta es, no. No por varios motivos, el más importante mi compañía en ese amargo momento.
Siempre realista tengo por costumbre aconsejar o mal aconsejar, según cómo lo tome mi interlocutor en turno, en que hay que salir a la calle pre dispuestos a que algo nos suceda en éste país de las dos versiones; lo que se dice y lo que es.
Cierto es que todos estamos en la probabilidad de ser víctimas de algún tipo de delito sólo que en ésta ocasión tocó a mi persona. Hasta aquí el asunto es meramente personal y por ello me surge una sola pregunta:
¿Cuántas veces se puede ser víctima a consecuencia de un mismo hecho delictivo?
El hecho. Regresas cansado a casa después de un día más de trabajo y a bordo del transporte público tres sujetos armados gritan al unísono: “¡esto es una asalto, se los cargó su chingada madre!” y un sinfín de maldiciones y órdenes que no vale la pena recordar.
Entonces pasas a ser:
Víctima de las agresiones con saña y sin motivo que te causan heridas físicas expuestas.
De las más bajas vejaciones y de la cobardía de quien se cree con derecho sobre ti al tenerte sometido bajo la amenaza de darte un tiro si acaso te atreves a mirarlo.
De la incertidumbre de esos minutos eternos en que lo único que te queda es encomendarte a quien tú más creas. Momentos en que la película de tu vida corre velozmente en tu mente.
Víctima del despojo de tus pertenencias y de la humillación constante.
Acto seguido. Reniegas, maldices, te lamentas e intentas reponerte del shock. Mermado en tu condición física y destrozado en la sicológica te enfrentas a la otra realidad en busca de “tus derechos”. Mentira, también eres víctima, lo único diferente es que te tratan sin violencia.
La Seguridad Pública brilla por su ausencia, los servicios de urgencia son lentos y deshumanizados, ni qué decir de la Procuración de Justicia comenzando por la oficina del Ministerio Público que está cimentada en el reino de la corrupción, eres el robado y te piden dinero. Los tres servicios están inmersos en una maraña burocrática que se niega a cambiar por los grandes intereses económicos que representan, así como el interés clientelar; laboral y político.
Merecen mención aparte los costos y el tiempo perdido para la reposición de tus tarjetas bancarias y tus identificaciones personales, algunas de ellas ni las solicitaste y tienes que pagar porque te las robaron. Vil tramitología “legal” que a todas luces resulta injusta.
Y la cereza del pastel. Llega la quincena y percibes sólo el 50% de tu sueldo. Motivo: Incapacidad para trabajar a consecuencia de las lesiones causadas por ser víctima de una robo con violencia.
En síntesis no sólo se es víctima de los delincuentes. 
Resulta caro ser asaltado.
 

 

 

jueves, 5 de febrero de 2015

¿Por quién votar?

Los ciudadanos y ciudadanas mexicanos con derecho a voto la tenemos fácil, nos consta el estilo de gobernar de nuestros representantes, aunque en la mayoría de los casos ni siquiera conozcamos al diputado de nuestro distrito. No sólo eso, sabemos con antelación qué comportamiento tendrán aquellos candidatos y candidatas que se postularán por vez primera buscando obtener un lugar como representante social.
Sin embargo, y si hubiera algún caso extraño que no te ayude a decidir tu voto en estas próximas elecciones intermedias he aquí algunas pistas para cumplir con tu obligación ciudadana y abonar con responsabilidad a la democracia:
1.    Podemos votar por el Partido Revolucionario Institucional.
Por el viejo PRI y su largo historial de corrupción y acaparamiento del poder a costa de cualquier cosa.
Por el “nuevo” PRI representado que se distingue por la opacidad y la sospecha de conflicto de intereses por parte de la familia presidencial y su círculo más cercano de colaboradores.
Este PRI que de renovado no tiene nada, que cacaraquea hasta el cansancio la reformas obtenidas con la promesa de un futuro mejor pero que las circunstancias reales responden en su contra en temas básicos de interés para la sociedad como; desempleo, educación, inseguridad, crimen organizado, corrupción y economía.
Por sus gobernadores (virreyes) que se enriquecen al amparo de la impunidad.
Por sus alcaldes mexiquenses “chapulines” quienes, por indicación superior, se forman a la espera de una diputación y dejan el tiradero en sus municipios.
2.    Podemos votar por el Partido Acción Nacional.
El partido político que tuvo la oportunidad histórica de cambiar las cosas y no lo hizo. Con  su primer ex Presidente, arrebatado, dicharachero y que abiertamente apoya proyectos para su beneficio personal con sus miras de empresario y con desfachatez inaudita apoya abiertamente al titular del Ejecutivo priista. Con su segundo representante presidencial a quien la historia lo recordará porque durante su sexenio hubo más de 120 mil muertos relacionados con el crimen organizado.
Por sus cabezas políticas divididas por el interés de grupo.
Por sus gobernadores enriquecidos impunemente.
Por sus principales representantes quienes se acusan públicamente de corruptos.
3.    Podemos votar por el Partido de la Revolución Democrática.
Por este partido político al cual sólo les queda el nombre.
Por su peleas internas.
Por sus intereses de tribus.
Por sus innumerables e innombrables individuos con poder y groseramente corruptos.
Por sus representantes sociales que se sienten dueños de la vida de sus contrarios.
Por la totalidad de sus jefes delegacionales  “chapulines”, que por indicación superior, se forman a la espera de una diputación y dejan el tiradero en sus demarcaciones.
4.    También podemos votar por aquellos partidos políticos que se prostituyen, partidos rémoras que se van con el mejor postor. Partidos políticos propiedad de familias y de grupos siempre envueltos en escándalos.
     5.    O votemos por los partidos nuevos.
Estos partiditos que se hacen de personajes con vida pública, personajes de la farándula como futuros candidatos a representación popular que nada saben de política y quienes sólo argumentan tener “buenas intenciones”. Partiditos que sólo buscarán conservar su registro para vivir del presupuesto.
La tenemos fácil los ciudadanos pues no se nos puede acusar por desconocimiento de causa.