A los #43 de Ayotzinapa.
Afirmar
que “en México no pasa nada” ya una frase obsoleta, para fortuna de la mayoría las
cosas ya no son ni serán iguales. La sociedad mexicana está viviendo el nacimiento
de un cambio profundo deseado hace décadas aunque las formas de éste no han
sido las requeridas.
Este
anhelado cambio que se avecina no tiene obstáculos, sí resistencias pero no tan
fuertes, el costo ha sido carísimo y las consecuencias para evitarlo serían aún
más. Ninguna persona o grupo tiene actualmente el poder de detener sin causar
daño el giro positivo que se avecina. Las herramientas de desinformación,
tergiversación e inclinación inducida son insuficientes. El poder verdadero lo
tiene la voz de la gente en las calles.
No
hay marcha atrás, pues ello implicaría el desorden, muestra de ello lo vemos a
diario en cualquier espacio noticioso y al instante vía las redes sociales: ayer
comenzó en Guerrero, mañana sigue en Chiapas, pasado Michoacán, Veracruz y cada
vez a lista crece más.
La
mayoría necesitamos y exigimos un cambio pacífico, de raíz.
A
la valiente sociedad civil encabezada por sus estudiantes (invariablemente el
futuro de México) le cuesta cada vez menos sumarse a la protesta colectiva,
levantar la voz para decir… ¡Basta!
La
credibilidad en el discurso del gobierno, a través de sus autoridades o sus
afines se esfumó. Hoy no hay estrategia capaz de dar garantía de certeza y
veracidad a la voz oficial.
La
clase política “representantes de la sociedad” a través de sus partidos y legisladores
y paradójicamente a las autoridades
impuestas por ellos mismos le tocó, mejor dicho, decidieron representar el
papel más despreciable; el de verdugo en ésta indignante situación en agravio
de la sociedad entera.
Con
los hechos de los que todos somos testigos, no
hay quien pueda asegurar el futuro inmediato del país, pero la mayoría
deseamos uno que no tiña más de sangre nuestra tierra. Un futuro cercano que ponga
por fin a cada quien en su lugar. Uno que no avergüence a nuestros hijos como lo ha hecho con
nosotros en estos días de tribulación.