La
premisa de un sindicato se da para la protección del trabajador en contra de los
abusos del patrón.
En
México y en específico dentro del servicio público, el futuro seguro del trabajador sólo se da a grupos
selectos que conforman la denominada alta burocracia. Peor aún, los beneficios
para ese pequeño grupo de empleados los tendrá que pagar el resto del universo
laboral mexicano.
PEMEX
es el ejemplo y como todo en la vida el caso tiene:
Un
motivo.
La
ambición. Ya no se trata de miles, ni siquiera millones, ahora son
billones de pesos.
- Por
décadas sus directivos en complicidad con dirigentes sindicales firmaron
convenios a favor de sus empleados y representados sin la certeza de recursos
para ello.
Un
precio.
- Todo
a cambio del voto seguro a favor del Partido Revolucionario Institucional.
Directivos
y dirigentes siempre han pertenecido a la misma familia política. Respiran y
transpiran orgullo tricolor, pero no por convicción sino por las comodidades y
beneficios que les ha dejado amamantarse de los exquisitos recursos de la
nación.
El
PRI ha sido la fuente de quienes dirigen, administran y se satisfacen de la Institución (salvo en los doce años del
gobierno panista) pero quien realmente apretaba y estiraba las relaciones entre
ambos, como siempre lo ha hecho, era el liderazgo sindical priista de hueso
colorado.
Un
costo.
- Líderes
y directivos exorbitantemente enriquecidos con dinero público.
- Deuda
vitalicia comprometida desde anteriores años en favor de los menos, endosada
para que la paguen los demás.
- Cifras
económicas por sí mismas grotescas, ofensivas, indignantes e
injustamente endilgadas a la sociedad.
*El
pasivo laboral de PEMEX equivale a:
*Datos de Mayra Martínez. Grupo Milenio