miércoles, 17 de septiembre de 2014

Exceso en torno a la figura presidencial.

Debo confesar que al observar las imágenes mi reacción fue primeramente de estupor seguida por cierto grado de coraje. Niños y niñas siendo objeto de cateo a manos de elementos de la Policía Federal, violando de forma flagrante sus derechos básicos en pos de la seguridad del presidente Enrique Peña Nieto antes de la celebración del 204 aniversario del Grito de Independencia en el Zócalo de la ciudad de México. Hechos que me parecen una exageración.

Si por obvias razones resulta incómodo que se invada el espacio vital de cualquier persona adulta, indigno es que se ordene y permita el tocamiento de los menores cuya ilusión única es estar presente en la celebración de la fiesta patria.

Es una exageración porque hasta hoy en la capital del país no existen pruebas de que opere la delincuencia organizada ilegal (pleonasmo escrito con toda intención, porque existe también la delincuencia organiza que al amparo de legalidad atenta y afecta impunemente los intereses de las instituciones, del pueblo en general y no pasa nada).
Exceso porque para la realización de un acto de ésta naturaleza, con la presencia de los tres poderes, la zona se convierte en un bunker. Miles de elementos de diversas corporaciones de seguridad todos bajo el mando único del Estado Mayor Presidencial; patrullas, radios, cámaras. Cientos de elementos armados, uniformados y vestidos de civil, dos anillos de acceso personalizado con detectores; todo para llevar la fiesta en paz.

Actos de la autoridad federal fuera de toda proporción y pasando, repito, por encima de los derechos y dignidad de las personas. La seguridad en torno a la figura presidencial seguirá como ya lo vimos.
Hace sólo una par de semanas alguien en torno al presidente dio la fabulosa orden de estacionar cientos de automóviles de lujo sobre la plancha del Zócalo, vehículos que trasladaban a los flamantes invitados a la firma del decreto del mayor logro político del presidente Peña Nieto.

Derroche y opulencia ante los ojos de todos en un país donde el 52% de su población vive en la pobreza. Donde 12 millones de personas viven en la extrema pobreza.
Plétora como el ajuar de la esposa del presidente que presumió en una fiesta pública, cuyo costo en sí ofende pero no así para los que escriben notas de la farándula que secundan y ensalzan el trabajo del diseñador, maquillista y peinadores de la flamante “primera dama”, nueva integrante del jet set mexicano.

Pero no toda la culpa es del gobierno, enorme responsabilidad tienen los padres de esos menores, acarreados o no, que permitieron la violación a los derechos humanos y de la niñez a cambio de estar presentes en ésta fantástica (literal) fiesta mexicana.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario